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Qué es el lado oculto de la Luna y por qué es importante investigarlo
- Autor, Redacción
- Título del autor, BBC News Mundo
- Tiempo de lectura: 6 min
"Vimos cosas que ningún ser humano ha visto jamás, ni siquiera (quienes viajaron en las misiones) Apolo".
Con estas palabras Reid Wiseman, el comandante de la misión Artemis II, describió lo que él y los otros tres astronautas experimentaron este lunes al observar el lado oculto de la Luna.
Este era uno de los objetivos fundamentales de la primera misión espacial tripulada alrededor del satélite natural de la Tierra organizada por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA, por sus siglas en inglés) desde 1972.
Y al cumplir esta meta, los astronautas alcanzaron otro: convertirse en los seres humanos que más se han aventurado hasta ahora en las profundidades del espacio, al romper el récord de 400.171 kilómetros establecido por la malograda misión Apolo 13 hace más de medio siglo.
Antes de que Artemis II sobrevolara el lado oculto de la Luna, China logró enviar dos sondas a esa región del satélite: la Chang'e 4 en 2019 y la Chang'e 6 en 2024. Esta última recogió muestras y las trajo consigo de vuelta a la Tierra para su estudio.
¿Por qué el renovado interés en la Luna y en particular en su cara oculta? A continuación respondemos estas y otras preguntas.
Oculto, pero no a oscuras
La cara oculta de la Luna es un territorio singular, pues no se puede observar desde la Tierra.
Esta peculiaridad hizo que se creyera que esta zona estaba siempre a oscuras, aunque en realidad recibe tanta luz solar como su contraparte.
No fue sino hasta 1959 cuando la sonda Luna 3, enviada por la extinta Unión Soviética, logró captar las primeras imágenes de la región.
¿Por qué este lado del satélite resulta tan esquivo para nuestros ojos? La explicación está en que tanto la Tierra como la Luna giran sobre su propio eje, pero la Luna tarda en rotar sobre sí misma exactamente el mismo tiempo que en completar una órbita alrededor de la Tierra.
Este fenómeno, conocido como "rotación sincrónica", hace que la Luna siempre nos mire con la misma cara.
La singularidad también hace a que esta zona no lleguen nuestras señales radioeléctricas y, por ello, enviar una nave espacial allí está plagado de riesgos, porque es muy difícil comunicarse con ella.
"Como no podemos comunicarnos directamente con el lado oculto desde la Tierra, otra nave tiene que ponerse en órbita en torno de la Luna para transmitir las órdenes del centro de control y recibir los datos", explicó el profesor Martin Barstow, de la Universidad de Leicester, al diario británico The Guardian con motivo del alunizaje de la segunda sonda china hace casi dos años.
Accidentada, dura y fría
La cara oculta tiene un aspecto bastante distinto al que se ve desde la Tierra, con una corteza más antigua y gruesa, con un relieve accidentado en el que hay numerosos cráteres y abundantes montañas.
Una de las principales hipótesis que explican esta diferencia apunta a la influencia térmica de la Tierra en las primeras etapas de formación lunar. Mientras la cara visible, orientada hacia nuestro planeta, permaneció más caliente durante más tiempo, la cara oculta se enfrió antes, desarrollando una corteza más gruesa.
Este contraste convierte a la cara oculta en un registro mejor conservado y esencial para entender la evolución de planetas rocosos como la Tierra, de acuerdo con los científicos.
"No termina de estar claro por qué el otro lado de la Luna es tan distinto al que vemos, pero todas las explicaciones que se manejan se lo achacan a la influencia de la Tierra, un insólito planeta habitado que no se escucha ni se ve desde el lado oculto de la Luna", agregó David Galadí Enríquez, profesor del departamento de Física de la Universidad de Córdoba (España), en un artículo publicado en The Conversation.
La observación del terreno, en particular de los cráteres, desde las alturas era uno de los objetivos encomendados a los astronautas de Artemis II, quienes documentaron todo lo que apreciaron en video y fotografía.
En la zona está el Mare Orientale, un mar lunar de 930 kilómetros de ancho que es el más grande y el más joven de los numerosos cráteres que se formaron durante una prolongada lluvia de asteroides que azotó la Luna, conocida como el "Bombardeo Intenso Tardío", que comenzó hace unos 4.000 millones de años.
"Orientale reviste una gran importancia para comprender la formación de cráteres de impacto en todo el sistema solar", afirmó Kelsey Young, científica lunar jefe de Artemis II, a la revista Nature.
Aunque el mar lunar ha sido fotografiado por sondas robóticas en el pasado, esta misión ofreció la primera ocasión para que unos ojos humanos pudieran apreciarla directamente.
Asimismo, las recientes misiones chinas revelaron que la temperatura en el lado oculto de la Luna llega hasta 100 grados centígrados por debajo que en la cara visible y que en su superficie hay menos agua que en su lado visible.
"La idea principal es que la mayor parte del agua de la Luna proviene de impactos de meteoritos", explicó Sara Russell, experta en meteoritos, en un artículo publicado por el Museo de Historia Natural de Londres (Reino Unido).
Una mina y una base espacial
El futuro de la exploración espacial podría estar en la lado oculto de la Luna.
La observación de la superficie de la región permitirá estudiar el desplazamiento del polvo lunar y la dinámica de las sombras, datos relevantes para el diseño de futuras bases y misiones prolongadas.
La Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés), por ejemplo, planea instalar allí una base permanente, desde donde observar el Universo y que también sirva como escala para los futuros viajes a Marte.
El silencio radioeléctrico que hay en la cara oculta de la Luna convierte a la zona en una buena candidata para instalar radiotelescopios para explorar el espacio, pues estarán libres de cualquier tipo de interferencias.
Y como si lo anterior no fuera suficiente, el lado oculto de la Luna es una zona de interés internacional debido a que podría ser la base para la explotación del isótopo Helio-3, un gas que podría resolver el problema de energía en la Tierra por los próximos 10.000 años.
También se sospecha que el subsuelo de esta región guarda tierras raras y distintos minerales con un alto valor económico.
Lo anterior explicaría el renovado interés por viajar a la Luna. En los últimos años, no solo EE.UU. y China han lanzado misiones, sino también India y Rusia, países que tienen previstas otras para el futuro.
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