Por Frank Gardner, corresponsal de seguridad de la BBC
Los drones y misiles explosivos de Irán han estado ampliando sus objetivos mucho más allá de sitios militares como la base naval de la Quinta Flota de Estados Unidos (en gran parte evacuada) en Bahréin.
Ahora, hoteles de lujo y centros comerciales, edificios de apartamentos de gran altura y terminales de salidas de aeropuertos de última generación están siendo atacados esporádicamente a medida que aparecen brechas en las defensas aéreas de los estados del Golfo Árabe.
Estos lugares nunca se construyeron con la perspectiva de que un día serían atacados por drones y misiles balísticos.
Para los gobernantes de los países del Golfo, las monarquías dinásticas para quienes el celo revolucionario de la República Islámica es un anatema, aquí se ha cruzado una línea roja.
Es difícil imaginar cómo podrán volver a tener relaciones que se acerquen a la normalidad con los actuales dirigentes iraníes, si estos sobreviven a esta guerra.
Irán ya ha atacado a los países del Golfo, tanto directa como indirectamente. En 2019, una milicia iraquí respaldada por Irán lanzó una andanada de drones contra las instalaciones petroquímicas de Saudi Aramco, interrumpiendo temporalmente la mitad de sus exportaciones.
El año pasado, Irán disparó misiles balísticos contra la base aérea de Al-Udaid en Qatar, pero avisó con antelación. Bahréin lleva tiempo acusando a Irán de financiar, entrenar y armar a insurgentes en su país.
Pero todo esto palidece en comparación con la situación que están viviendo ahora los países árabes del Golfo.