"Los retornados son un blanco fácil": los mexicanos deportados de EE.UU. que se reencuentran con el control del narco

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- Autor, Leire Ventas
- Título del autor, Corresponsal de BBC News Mundo en Los Ángeles
- Tiempo de lectura: 11 min
José González* sabe que lo están observando.
En su pueblo natal, un rancho rural de 500 habitantes en el Bajío michoacano del que emigró hace casi tres décadas, es prácticamente forastero y también –dice– una "presa fácil".
Por ello, aunque ya pasaron cuatro meses desde que llegó como deportado de Estados Unidos, prefiere "aclimatarse" y darse a conocer antes de poner en marcha el negocio con el que a sus 44 años espera poder rehacer su vida en México.
"En la comunidad hay lo que se llaman halcones, vigilantes que trabajan para la maña", explica Óscar Ariel Mojica, investigador del Centro de Estudios Rurales del Colegio de Michoacán que hace trabajo de campo en la zona y conoce el caso.
Con "maña" se refiere a los elementos criminales al servicio del poderoso Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), cuyo líder, Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho", murió en una operación del ejército mexicano a finales de febrero.
La organización que más dinero, armas, hombres y droga controla en el país manda también en esta región del norte de Michoacán. Aunque al colindar con Guanajuato, es territorio "de avanzada" de grupos rivales, matiza el profesor.
"Desde que llegas a la central (de autobuses) ya saben que estás aquí", explica Mojica, al que ya advirtieron que no pregunte "de más" y quien renunció a grabar las entrevistas o a portar libretas con notas para no poner en riesgo a sus fuentes.
Y es que ahí el narco lo domina todo: sabe de las entradas y salidas del área, decide quién puede sembrar los campos, controla el precio de la canasta básica o fija el "derecho a piso" que se debe pagar por abrir una tienda en el pueblo, el plan de González había urdido con la experiencia acumulada en EE.UU. tras trabajar en una ferretería y como encargado en un restaurante.

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Es la realidad que los lugareños enfrentan cada día, quienes lidian con toques de queda, cortes de carretera y ocasionales enfrentamientos armados, mientras pierden la cuenta de los que mataron o desaparecieron.
"Pero cuando llega alguien tras décadas en EE.UU., sin lazos familiares ni sociales, es más vulnerable en estos entornos", subraya el investigador Mojica.
"Al fin y al cabo, lo que estos grupos, que se dedican en parte a la extorsión, piensan es que debe traer un ingreso. Los retornados son un blanco fácil".

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Extorsión y 'pago de piso'
A unos 100 kilómetros del rancho de González, en el estado limítrofe de Guanajuato, Sergio Segovia* también puso sus planes en espera.
Decidió instalarse en su Irapuato natal, de donde salió con apenas dos años, tras su cuarta deportación; la más traumática.
"Como crecí al ladito de Tijuana, en Ensenada, hasta que a los 18 años me fui para Los Ángeles, cada vez que me deportaban regresaba allí. Me quedaba unos días con un tío y después volvía a cruzar la frontera" hacia EE.UU., le cuenta a BBC Mundo.
"Pero la última vez traté de pasar a Texas desde Ciudad Juárez (Chihuahua, México), me agarró Migración y me aventé 10 meses en la (prisión) federal", recuerda.
Tras dar positivo por tuberculosis –cuenta que por error–, lo mantuvieron en aislamiento. "Al tercer día me dio una crisis nerviosa y a partir de ahí todo fue un suplicio. Así que cuando me soltaron del otro lado, ya no quería volver a saber nada de aquel país", relata con amargura.
Las cosas tampoco se le han presentado fáciles en su ciudad de origen, epicentro de la disputa territorial entre el Cartel Santa Rosa de Lima (CSRL) y el poderoso CJNG.
En agosto las autoridades hallaron allí una fosa clandestina con 32 cadáveres, a apenas dos meses de que una balacera registrada durante las fiestas patronales acabara con 12 muertos. Entre enero y julio del año pasado se registraron 1.500 homicidios en el estado.

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Tratando de navegar esa realidad y harto de la precariedad, Segovia decidió destinar sus ahorros a un negocio que vislumbraba con futuro: comprar fresas a los agricultores locales para venderlas en centrales de abastos de la zona norte del país.
"Un vecino que creyó en mí me iba a rentar una pick-up, arranqué a hacer llamadas y a atarlo todo, pero empecé a ver que la fresa de Irapuato no entraba para allá", cuenta.
Le quedó claro quién mandaba cuando sus contactos en la compraventa le advirtieron: "De Zacatecas para arriba no puede cruzar tu mercancía. O te paran y te la quitan, o la pagas".
Testimonios similares comparten los productores de limón, aguacate o tequila, industrias hasta las que llegan los tentáculos del narco.
"Los carteles tradicionales enfocados en traficar drogas diversificaron sus ingresos, ante guerras internas y presiones de las autoridades estatales, incorporando la extorsión, los secuestros y el robo de combustible –conocido como 'huachicoleo' en México– para financiar sus operaciones y el control político", explica el experto en seguridad David Saucedo.
"Las guerras entre carteles son costosas y las organizaciones criminales buscan actividades secundarias para poder pagar hombres, armas, posiciones y sobornos".

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"Me estaban secuestrando"
Para otros deportados, sus encontronazos con el crimen organizado tuvieron consecuencias más graves que la extorsión.
A Israel Concha el recuerdo de su experiencia, aunque la viviera hace más de una década, lo hace aún llorar.
Lo deportaron en 2014 de Texas, donde llevaba 30 años residiendo como indocumentado. Allí se crió, estudió administración de empresas, se casó y montó su propia empresa de transporte privado y chóferes.
Interceptado por la policía en la autopista por exceso de velocidad mientras iba a recoger a un cliente, fue arrestado por no portar una identificación que probara su estatus legal en el país y trasladado a un centro de detención. Apeló el caso, y tras dos años de pelear en los tribunales, un 3 de julio lo dejaron en un puente internacional que une Texas con México.
Ya del lado mexicano, acompañado por otros ocho hombres que habían corrido su misma suerte, empezó a caminar hacia la estación de autobuses. "A la segunda cuadra, nos paró la policía; o lo que pensamos era la policía", cuenta.
Lo separaron del resto, lo encapucharon y lo subieron a una camioneta. "Cuando me descubrieron la cara, me di cuenta que el lugar al que me habían llevado no era la comandancia. Era una casa de seguridad y me estaban secuestrando", recuerda.
En un descuido de quien les llevó la comida, logró escapar del cuarto en el que lo tenían junto a otros migrantes saltando por la ventana. Y una familia que se lo encontró corriendo "todo sangrado, como un zombi" carretera abajo lo recogió y le ayudó a llegar hasta Ciudad de México.

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Allí empezó su vida de cero, trabajando en un call center en Little LA, unas cuadras en torno al Monumento de la Revolución donde los deportados de EE.UU. buscan oportunidades laborales, echan a andar negocios y generan redes.
En ese área fundó también New Comienzos, una organización que asiste y guía a los que retornan voluntariamente o a la fuerza a México, conectándolos entre ellos, ofreciéndoles vales de comida, apoyo emocional y laboral, haciendo de puente con albergues y otras entidades del ramo.
También crearon Dream in Mexico, una cajas que contienen guías bilingües e información acerca de los apoyos locales.
Ahora, además, como parte de un programa de mentoría, están dando una clase de cómo protegerse en México y navegar por realidades que para muchos de los que retornan son ahora más violentas que cuando emigraron.
"A día de hoy tenemos 28 personas de nuestra red de apoyo desaparecidas, 10 de ellas el año pasado y la última, en mayo", dice con pesar. Se trata de un hombre que había regresado recientemente y que desapareció sin dejar rastro tras salir de su trabajo en un hotel en el estado central de Querétaro.
Con sus oficinas en Ciudad de México y en Las Vegas (Nevada, EE.UU.), Concha asegura que desde New Comienzos en 11 años han asistido a más de 100.000 personas y que hoy están dando seguimiento a 5.800 casos.
"Vemos que el plan México te Abraza realmente no funciona y que necesitamos algo mejor estructurado, que apoye en el corto plazo, pero sobre todo a mediano y largo plazo", opina sobre la estrategia de apoyo al retornado del gobierno federal.
¿Te abraza?
Lanzada en enero de 2025, con la llegada de Trump a la Casa Blanca, México te Abraza fue diseñada para que incluya asistencia consular en EE.UU., centros de atención en los estados fronterizos y ayuda para la reintegración, a través de jornadas de servicios sociales, oferta de empleo e incorporación a programas de bienestar.
"A nuestros paisanos y paisanas decirles que, primero, que no están solos; y, segundo, que también hay que guardar la calma, que hay que ver también cómo se desarrolla durante estas semanas el proceso", dijo la presidenta Claudia Sheinbaum al presentar "México te abraza".
Conocer el dato exacto de expulsados a México desde que Trump regresó a la presidencia no es fácil.
De acuerdo al Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), durante el primer año de gobierno se registraron más de 675.000 deportaciones, una cifra similar a la de los dos últimos años de Joe Biden como presidente.

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Según datos presentados durante una Mañanera de la presidenta Sheinbaum en diciembre, entre el 20 de enero y el 17 de diciembre de 2025 EE.UU. deportó a 145.537 mexicanos.
La titular de la Secretaría de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, detalló que más de 130.000 recibieron atención consular previa a la repatriación, 116.000 fueron devueltos por tierra y 29.000 en vuelos.
"México ha creado una política migratoria en reacción a la estadounidense y es, en un primer momento, de ayuda humanitaria", apunta Israel López Ibarra, responsable académico del Observatorio de Política Migratoria y Derechos Humanos del Colegio de la Frontera, sección Nogales.
"A los deportados se les recibe en los albergues (cercanos a la frontera norte) y la política mexicana es moverlos a los estados donde son originarios", prosigue el investigador.
"Y es ahí donde empieza la situación grave, porque tenemos estados bajo el control del crimen organizado, territorios que ya estaban provocando un desplazamiento interno por las amenazas, la extorsión, el reclutamiento, las desapariciones", explica.
Para el investigador, eso se suma a los retos clásicos del retornado, desde la dificultad para conseguir documentos y empleo, la falta de redes familiares de apoyo o la crisis de identidad.
"Alguien que regresa y ni siquiera sabe cómo operan las bandas, que tiene absoluto desconocimiento de cómo opera el sistema, está en la misma o quizá en una mayor vulnerabilidad que el resto" de los habitantes, explica López Ibarra.

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"Y luego está el hecho de las destrezas que puedan tener. Lógicamente alguien que domina los dos idiomas puede ser un elemento conveniente para los integrantes del crimen organizado. Son habilidades a las que les pueden sacar provecho", añade.
Sergio lo vive (y lo sufre) en carne propia.
"Pasé tantos años en un país en el que me decían: 'No puedes hacer esto porque eres inmigrante, porque no tienes papeles'. Ahora quiero emprender pero no puedo por cómo están de mal las cosas, y me siento muy frustrado".
*Nombres ficticios para proteger su identidad.

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